Tengo 80 años. Nací en Terrassa y
vivo en Viladecavalls. Fui la primera fotoperiodista de España. Estoy casada,
sin hijos. ¿ Política? Libertad total, y no soy independentista. ¿ Creencias?
Si me siento apurada, pido ayuda... Desencantada de la prensa, monté un
restaurante en Eivissa...
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13/04/2016
00:57 | Actualizado a 13/04/2016 12:39Lea la versión en catalán
Una entre todos
estuvo
con los Beatles?
Varias horas en su suite en Barcelona. Y
otros días con Polanski, mucho con Dalí... Y en Londres aconsejé a Massiel su
vestido de Eurovisión.
¡No!
Y un día Clint Eastwood me besó en la
boca.
¡Alto!
Me quedé paralizada, temblando...
Pero...
¿cómo?
Era fotoperiodista, ¡la primera que tuvo
la prensa española!
Discúlpeme,
no la conocía...
Me desencanté de la prensa, me retiré a
Eivissa: cocino bien, monté un restaurante en Sant Josep de sa Talaia. Ya estoy
jubilada.
¿Por
qué se desencantó?
En 1982 hice un reportaje sobre un grupo
de terapia de enfermos de cáncer: en la agencia me dijeron que eso no vendía.
Hoy sí:
se adelantó a su tiempo.
Me sentí tan triste, dolida... Me
proponían robados falsos a famosas fingiendo un embarazo... Y no. Abandoné el
fotoperiodismo.
¿Desde
cuándo lo ejercía?
¿Has visto fotos de las terribles
inundaciones del Vallès del año 1962?
Sí,
niños ahogados entre el fango, destrucción...
Son fotos mías.
¿Fue la
primera fotoperiodista, dice?
Sí. Desde niña veía a mi padre, Joan
Biarnés, hacer y revelar fotos para la prensa deportiva... Yo le admiraba. Un
día, siendo niña, sentado en sus rodillas, dijo: “Qué lástima que no seas
chico, porque me ayudarías”.
¿Y por
qué no, siendo chica?
¡Eran los años 40! Una mujer con una
cámara en un campo de fútbol, todo hombres solos... ¡Impensable! Por entonces
ningún padre quería eso para su niña.
¿Y qué
pasó?
Que un día mi padre no podía hacer fotos de
un partido por otro compromiso, y yo solté: “Las haré yo”. Apenas tendría
veinte añitos...
¿Y qué
tal?
¡Los hombres me decían de todo! Yo era muy
femenina, ¿sabes?, con mi vestidito... Y el delegado de campo vino a
expulsarme.
¿La
echó?
No pudo: le enseñé todos los carnets
oficiales, que me había ocupado en obtener. “Soy fotógrafa y soy mujer, ¡y
vayan acostumbrándose, habrá más como yo!”, me salió.
Toma,
qué valiente.
Me temblaban las manos, pero enfoqué,
disparé... y le llevé las fotos a mi padre.
¿Salieron
bien?
Al verlas, me abrazó. Se emocionó. Se
publicaron en Mundo Deportivo. Y yo quise seguir: “¡Piénsalo bien, será duro
para ti!”, me advirtió. Y seguí. Era más difícil que ahora, con aquellas
cámaras, aquellos flashes...
Y las
cosas que oiría en los estadios...
Sí, ¡barbaridades! Pero estaba pagándole
una deuda de amor a mi padre, que tanta paciencia y confianza tuvo conmigo. En
1955 estudié en la Escuela Oficial de Periodismo, ¿y sabes a quién tuve de
profesor?
¿A
quién?
A tu antepasado en la entrevista de La
Vanguardia: Manuel del Arco. Un día oyó que me mareaba la sangre, ¡y me envió a
hacer un reportaje al matadero!
Pérfido.
Vi matar a los caballos a golpe de
martillo en la cabeza, descuartizarlos... Cuando Del Arco vio las fotos, me
dijo: “Usted será una buena reportera”.
El
maestro no se equivocó: cuénteme lo de las inundaciones del Vallès.
Al alba, mi padre y yo salimos de casa, en
Terrassa, él se fue para un lado, yo para otro... Y ya no recuerdo más.
¿Qué
quiere decir?
Hice las fotos, y padecí amnesia de
aquellas horas: mi cerebro no quiso volver a recordar lo que vi. Un señor me
llevó en coche a revelar las fotos a Barcelona. ¡Y salieron en el Telediario!
Se
haría famosa...
Emilio Romero me fichó para el diario
Pueblo de Madrid. Mi padre me dio un solo consejo, mirándome a los ojos: “Que
nunca tenga que bajar la mirada por tu causa”. “¡Así será!”, le prometí. Y así
fue.
Pero
Clint Eastwood la besó...
Ja, ja... En 1973 hacía un reportaje en
Hollywood, alguien le dijo lo mucho que me gustaba, él vino, me sonrió... y me
plantó un beso en los labios. Allí me quedé, paralizada.
¿Y lo
de los Beatles?
En Madrid me colé en el vuelo regular a
Barcelona, me pillaron haciendo una foto desde la puerta del lavabo... les hice
gracia y me atendieron en su suite del Avenida Palace, pero aquellas fotos
nunca se publicaron.
Ohhh...,
¿por qué no?
Envié el carrete, pero alguien ordenó no
hacerles más propaganda a esos melenudos... No sé dónde estarán hoy aquellas
fotos.
¿Y lo
de Massiel?
Ella buscaba un vestido de Dior. Yo hacía
reportajes de moda, la llevé a ver los modelos más modernitos de Courrèges y me
hizo caso.
¿Y lo
de Polanski?
Vino a Marbella después de la tragedia de
Sharon Tate. Me hice pasar por esposa de un médico, y como cocino muy bien, le
invitamos a comer una paella y...
¡Qué mujer! ¡Qué fotógrafa! No me caben en
esta página el sinfín de jugosas anécdotas y envidiables peripecias que Joana
Biarnés me cuenta... Pero sí han cabido en el documental Joana Biarnés, una
entre todos, que acaban de dedicarle los colegas Òscar Moreno y Jordi Rovira,
un merecidísimo homenaje (que recolectará premios, ¡seguro!) a la trepidante
vida y magnífica obra fotoperiodística de esta mujer: este mes de abril puede
disfrutarse en los días, lugares y horas consignados en este enlace:
www.eldocumentaldelmes.com. Joana Biarnés conserva la mirada avispada conla que
retrataba... Hoy en Terrassa: Club Catalunya-Filmoteca, y en cine Girona de
Barcelona.
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